Fluidez sexual. ¿Eres flexible y estás abierta sexualmente?

 

Si es tu caso, tranquila. Según recientes estudios, la fluidez sexual es más habitual de lo que nos imaginamos, y según mi experiencia profesional, también. Un minuto para ponernos en contexto:

La fluidez sexual es estar abierta sexualmente. Hoy puedes tener una relación con una chica y transcurrido un tiempo, sentirte atraída por un chico.

Los mismos estudios dicen que se da más en las mujeres, aun así, aclarar que la fluidez sexual también la viven los hombres.

¿Qué diferencia hay con la bisexualidad?

Prefiero poner dos ejemplos:

Si no miras el género (hombre o mujer) a la hora de sentirte atraída romántica o sexualmente por una persona, hablamos de bisexualidad.

En cambio, si llevas años que te sientes atraída por un hombre y te enamoras profundamente de una mujer en particular, hablamos de fluidez sexual. Aclarar que eso no quiere decir que a partir de ahí ya te gusten las mujeres. Puede ser que vuelvas a enamorarte de otro hombre y acabes lo que te queda de vida con un hombre.

Un ejemplo más habitual sería la mujer que ha estado felizmente casada con un hombre, ha formado una familia, y en un momento de su vida, se enamora de una mujer sin ni siquiera haberse planteado dicha situación anteriormente.

Cuando alguien dice “me gustan los hombres, pero no descarto que pueda estar con una mujer”, a eso podría decirse fluidez sexual. Están abiertos y son flexibles.

Igual que la identidad, el comportamiento o las actitudes, las preferencias sexuales son flexibles.

Está claro que uno de los impedimentos es el estigma social que conlleva. A estas alturas ya sabemos que lo que no es “habitual”, parece ser que da miedo solo pensarlo. Cada vez hay más estudios que demuestran la bisexualidad y la fluidez sexual como alternativa, así que ya no tengo muy claro que es lo “habitual”.

Teniendo en cuenta que la esperanza de vida ha aumentado y en el supuesto que vivamos una media de 75 años, ¿de verdad vemos raro que cambiemos de gustos y preferencias sexuales?

Sí este es tu caso, ¿Qué te impide seguir tus preferencias sexuales y fluir con tus necesidades?
Esa pregunta sólo la puedes responder tú. De todas maneras, se me ocurren dos motivos principales:

La sociedad o el contexto que te rodea (tu ambiente):

Según que mentes te rodeen o situación, te será más o menos fácil dar el paso. Seamos sinceros, si hablamos de tus seres queridos o allegados, lo último que quieres es ser la causante de una crisis familiar. Te puedes sentir juzgada, incomprendida, avergonzada o decepcionada contigo misma. Aquí te mueves con un miedo que nace de una idea muy sibilina: ¿Me dejarán de querer? ¿me apartarán del “grupo”? El miedo al abandono.

Sea lo que sea que te está pasando, no olvides que dejar de hacer lo que sientes, no hará que todas esas emociones y sentimientos desaparezcan. Simplemente pasarás de vivir tu vida, a vivir la vida de los demás. Es muy posible que tu mochila se llene de más rabia, incertidumbre y malestar.

Por mi experiencia, vivir la vida que crees que hace feliz al resto, acaba haciendo infeliz a todos.

Y allá va el topicazo que creo que es real: los que te quieren de verdad, solo desean verte feliz y te sorprenderías con los cambios y aceptaciones que hacen para que así sea.

Tú misma:

Aquí te manejas con un arma de doble filo. En primer lugar, tú eres tú peor enemiga y eso en ocasiones es más complicado de lidiar que con otra persona.

A veces la paciencia, el amor, aceptación, tolerancia o la comprensión que tenemos hacía los demás, no las tenemos hacía nosotros mismos. Aquí es fácil que saques tu látigo y te “castigues,” por lo que sientes. En este caso, es cuando salen las creencias más básicas (no puedo, no debo, no me lo merezco, no sé, no sirvo…).

El miedo se apodera de ti. Tu mente empieza a trabajar para hacerte creer que estás segura. ¿Cómo? Pues no haciendo. No cambiando. Quedándote inmóvil y sin avanzar. Como decía mi abuela, comida para hoy, hambre para mañana.

Espero que tengas en cuenta, que algo que afecta a tu identidad, es como un tsunami, no desaparece mirando hacia otro lugar.

En segundo lugar, juegas con la mejor ventaja que existe en cualquier cambio. Tus miedos, tus pensamientos, tus creencias, … dependen de ti.

La diferencia con el punto anterior, es que no puedes cambiar a tus seres queridos o decidir por ellos, pero en este caso, eres tú contigo misma.

Tus decisiones son responsabilidad tuya, y de cómo tomarlas, también dependen de ti. Y me envalentono al decirte que incluso lo que sientas en tu proceso, lo decides tú; porque si no te gusta, tú tienes la decisión de cambiarlo.

Cuando gestionas las cosas que dependen de ti, nadie puede meter mano a no ser que tú le dejes…

Cuando no atendemos a nuestras necesidades, chillan, claman y hacen todo lo posible por salir a la superficie repetidamente.

Hay que ser muy valiente para hacerlo, no te lo voy a negar. Se necesita mucha energía para conseguirlo, pero más energía y más negativa, se necesita para vivir una vida que no te corresponde. Ya que vas a poner toda tu energía, te propongo que lo hagas en el camino hacia tu bienestar.

 

¿Qué cambiaría si atendieras a tus sentimientos, emociones y lo vieras como una oportunidad?
Descubre cómo hacerlo

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